
"Encontraron los restos de tu viejo": los huesos enterrados en La Perla que le cambiaron la vida a Soledad Nívoli
Encontrar restos después de cinco décadas en una zona de roca dura y monte, y bajo un talud de metro y medio de tierra.
Los familiares del ingeniero químico de 28 años Mario Alberto Nívoli, desaparecido en febrero de 1977 en Córdoba Capital, transitan desde el pasado martes 10 de marzo una etapa que soñaron toda la vida y que nunca dimensionaron en el terreno de lo posible. En el año, y en el mes, en que se cumple el 50.º aniversario del golpe de Estado, fueron notificados por el juez Miguel Hugo Vaca Narvaja de que los restos de Mario efectivamente se encontraban en la loma El Torito, un sector puntual dentro de seis hectáreas del enorme predio que compone el Centro Clandestino de Detención La Perla, ubicado al lado del pueblo Malabrigo, Córdoba.
Fue hallado en las primeras excavaciones que realizó desde septiembre pasado el Equipo Argentino de Antropología Forense a partir de la decisión de la Justicia. La de Mario Nívoli es una de las primeras seis de 12 identidades confirmadas, una inyección de esperanza para los familiares de más de 2000 personas que, se estima, fueron desaparecidas en varios sectores de las 14 mil hectáreas de ese predio del Ejército, por lo que se esperan noticias de restitución de decenas de identidades más en los próximos meses.
Encontrar restos después de cinco décadas en una zona de roca dura y monte, y bajo un talud de metro y medio de tierra, es para los geólogos que participan de la expedición mucho más que hallar “una aguja en un pajar”. Es “la medida de lo imposible” y, sin embargo, ocurrió al poco tiempo de comenzadas las excavaciones.
Soledad Nívoli es la hija menor de Mario. Tenía cuatro meses, y su hermano Mariano Luis dos años cuando su papá fue llevado por una patota del Comando Antiterrorista del Litoral de la Triple A. Su madre y pareja de Mario, la joven de 26 años Graciela Gauchat, preguntó por su paradero, y le respondieron "Críe a sus hijos”.
Entre el miedo y el desconsuelo, volvió a Rosario con los niños, desde donde continuó su reclamo, atestiguó en la megacausa "Enterramientos clandestinos de La Perla" y vio cómo la Justicia condenó a los represores a cadena perpetua en 2006. Después “desconectó” su memoria agotada con una demencia senil, y desde entonces vive en una residencia en Santo Tomé.
Todo esto contó su hija Soledad a Rosario3 en varias ocasiones. La primera fue cuando decidió un año atrás constituirse querellante junto a decenas de otros familiares en esta causa reabierta a partir de una nueva prueba aportada por un grupo de investigadores: una fotografía satelital comparada con una imagen vieja del terreno, donde se detectaron alteraciones antrópicas de la tierra realizadas en esas pocas hectáreas en El Torito, con rastros de retroexcavadoras.
Desde abril próximo, cuando los restos de Mario Nívoli sean entregados por la justicia federal a la familia, descansarán en paz junto a un lapacho rosado que lleva su nombre desde hace 20 años en el Bosque de la Memoria de Rosario, a partir de una ceremonia que realizará la familia.
Mario era docente e ingeniero químico, y trabajaba en la planta potabilizadora La Calera. No era electricista como se viralizó en algunos medios al conocerse las identidades de los primeros restituidos de La Perla. Estudió en la Universidad Nacional del Litoral la misma carrera que su hermano Marcelo y su hermana Graciela Nívoli. Marcelo fue uno de los fundadores de la agrupación Montoneros en la ciudad de Santa Fe, y falleció en 1984, a poco del regreso de la democracia. Graciela vivió muchos años en el exilio, y hoy es activista en Madres de Plaza de Mayo de Rosario.
En la vorágine de estos días en que deja de ser “hija de un desaparecido” para volverse “hija de una persona oficialmente asesinada por el poder genocida estatal", con una claridad y una fortaleza asombrosas, Soledad decidió compartir nuevamente con este medio lo que para ella es “una alegría”. El encuentro fue un soleado domingo de marzo en la Plaza 25 de Mayo, la histórica de las Madres con su ronda de los jueves para reclamar por sus hijos desaparecidos hace 50 años, durante la última Dictadura Cívico Militar.
FUENTE:LA CAPITAL